El calendario escolar volvió a meterse en el centro de la polémica después de que la SEP anunciara que el ciclo 2025-2026 terminaría el 5 de junio en lugar del 15 de julio. El argumento fue doble: la ola de calor y el Mundial 2026, que arrancará el 11 de junio en México.
El anuncio provocó críticas inmediatas de padres de familia, organizaciones civiles y docentes, porque el cambio representaría más de un mes menos de clases para millones de estudiantes. En un país con rezago educativo, desigualdad escolar y planteles con carencias, recortar días de aula no puede tratarse como un simple ajuste administrativo.
Después vino el primer giro. Claudia Sheinbaum dijo en la mañanera que no había un calendario definido y que la modificación seguía en revisión. La declaración pareció frenar el mensaje de la SEP y abrir la puerta a una posible reconsideración.
Pero horas más tarde, Mario Delgado volvió a confirmar la salida: “salimos el 5 de junio”. Según el titular de la SEP, lo que se revisará no es la fecha de cierre, sino la fecha de regreso al siguiente ciclo escolar. Es decir: primero anunciaron, luego matizaron y después volvieron a confirmar. Todo en el mismo día.
El dato incómodo sigue siendo el mismo. México tendrá partidos mundialistas únicamente en Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara, pero el ajuste impactaría a estudiantes de todo el país. Si el problema es el calor, la pregunta es por qué aparece el Mundial como argumento. Y si el problema es el Mundial, por qué mover el calendario escolar a nivel nacional.
También hay un costo familiar. Adelantar el cierre del ciclo obliga a madres, padres y cuidadores a reorganizar horarios, trabajo, cuidados y gastos durante más semanas. El Mundial emociona, pero alguien tiene que cuidar a los niños.
La bola todavía no rueda, pero el gobierno ya metió autogol con el calendario escolar.

















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