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Si canta narcocorridos, está mal… pero si va a la mañanera, ¿ya está bien?

Junior H apareció en Palacio Nacional junto a Claudia Sheinbaum para presentar la nueva edición de México Canta, un programa del Gobierno federal que busca impulsar música sin apología de la violencia. En la mañanera, el cantante reconoció que sus primeras canciones “no contenían un buen mensaje” y aseguró que con el tiempo entendió la responsabilidad de ser escuchado por millones de personas.

Pero ahí está la contradicción incómoda. Junior H es uno de los artistas más asociados con los corridos tumbados, un género que el propio gobierno ha cuestionado por normalizar la violencia y romantizar al crimen organizado. En varios estados, los narcocorridos han sido motivo de polémica, restricciones, multas e investigaciones; sin embargo, cuando el mensaje sirve para una campaña oficial, el mismo perfil que antes parecía problemático termina sentado en la mañanera como ejemplo de transformación.

La pregunta no es si un artista puede cambiar su discurso. Claro que puede. La pregunta es si el gobierno mantiene una postura congruente o si acomoda el tema según le convenga políticamente. Porque cuando los narcocorridos no ayudan al discurso oficial, se habla de apología, sanciones y límites. Pero cuando sirven para vestir una narrativa de cultura de paz y conectar con jóvenes, entonces se presentan como una oportunidad de cambio.

Sheinbaum intenta mostrar a Junior H como parte de una nueva conversación musical, una que deje atrás la violencia y hable de responsabilidad. Pero su presencia en Palacio Nacional también abrió otra lectura: ¿el problema son los narcocorridos o quién controla la narrativa? Al final, Junior H puede haber cambiado su mensaje, pero su aparición en la mañanera dejó una duda más grande: ¿el gobierno combate esa música o solo la acomoda cuando le resulta conveniente?

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