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Los captan en Cartier y ahora la austeridad quiere demandar.

Carolyn Adams, esposa de José Ramón López Beltrán, dijo que consultará con abogados después de que se viralizaran fotografías de la pareja dentro de una boutique Cartier en Cancún. La molestia, según expresó, es que no le parece normal que dentro de una tienda privada se fotografíe a clientes para después exponerlos públicamente. También acusó acoso, clasismo y campañas de odio contra su familia.

Pero la polémica no explotó solo por la foto. Explotó por el apellido, por el lugar y por el discurso político que durante años construyó la 4T alrededor de la austeridad. Porque una cosa es defender el derecho a la privacidad, y otra muy distinta es pretender que no exista crítica pública cuando la familia más cercana al obradorismo aparece relacionada con una tienda de lujo.

Durante años, Andrés Manuel López Obrador hizo de la austeridad republicana una bandera central. Desde el poder se criticaron relojes, casas, restaurantes caros, viajes, marcas, privilegios y todo lo que sonara a élite política. Por eso, cuando José Ramón López Beltrán y Carolyn Adams aparecen en Cartier, la conversación no se queda en una visita privada: se convierte en una discusión sobre congruencia.

El problema no es si pueden o no entrar a una tienda de lujo. El problema es el doble rasero. Cuando el lujo es de los adversarios, se presenta como símbolo de corrupción, privilegio y desconexión con el pueblo. Pero cuando aparece cerca de la 4T, entonces se habla de persecución, clasismo o ataque político. Ahí es donde la crítica pega más fuerte.

Ahora Carolyn Adams analiza si lleva el caso por la vía legal. Sin embargo, la discusión pública ya quedó abierta: ¿la austeridad era una forma de gobernar o solo un discurso para juzgar a los demás? Porque la austeridad también se mide cuando las cámaras apuntan hacia casa.

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