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Para México no hay, pero para Cuba sí hubo 588 millones.

El Gobierno de Claudia Sheinbaum destinó 588 millones de pesos para la segunda fase de Sembrando Vida en Cuba, a través de un esquema de cooperación internacional operado por la AMEXCID. Oficialmente, el apoyo busca fortalecer la autosuficiencia alimentaria y el empleo rural en la isla. Sin embargo, en México la decisión abrió una pregunta inevitable: si el país enfrenta tantas urgencias internas, ¿por qué mandar cientos de millones de pesos fuera?
El contraste golpea porque en México siguen pendientes problemas profundos en salud, educación, infraestructura, seguridad y atención social. Hay hospitales saturados, familias que denuncian falta de medicamentos, padres de niños con cáncer que todavía reclaman tratamientos completos, escuelas con carencias básicas, carreteras inseguras y comunidades que siguen esperando apoyos esenciales. Frente a ese panorama, destinar 588 millones de pesos a un programa social en Cuba no solo se vuelve una decisión administrativa; se vuelve una decisión política.
Sheinbaum defendió el apoyo y aseguró que México no tiene nada que esconder, presentándolo como parte de una tradición diplomática de solidaridad con otros pueblos. Pero el problema no es únicamente si el recurso es legal o si se entregó bajo un marco de cooperación internacional. El problema es el mensaje: cuando se trata de resolver crisis dentro del país, muchas veces la respuesta es que no alcanza; pero cuando se trata de apoyar a Cuba, sí aparecen cientos de millones.
La pregunta incómoda no es si México debe ser solidario. La pregunta es por qué esa solidaridad parece llegar más rápido afuera que a los mexicanos que llevan años esperando. Porque mientras el gobierno presume cooperación internacional, millones de personas siguen preguntándose cuándo también serán prioridad: los pacientes sin medicinas, los niños que estudian en escuelas precarias, las familias que exigen seguridad y quienes llevan años escuchando que no hay recursos suficientes para atender lo urgente.
Al final, los 588 millones para Cuba vuelven a poner sobre la mesa una discusión de fondo: ¿primero la casa o primero la agenda política internacional? Porque para muchos mexicanos, antes de financiar programas sociales en otro país, el gobierno tendría que voltear a ver todo lo que todavía falta resolver aquí.

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