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El narco ya no solo mata jóvenes: también los está reclutando.

En México, miles de niñas, niños y adolescentes están siendo utilizados por el crimen organizado como halcones, mensajeros, vendedores, sicarios o piezas desechables dentro de una maquinaria criminal que los explota desde edades cada vez más tempranas. El narco no solo les arrebata la seguridad; también les roba la infancia, la escuela, la familia y cualquier posibilidad real de futuro.

El reclutamiento no siempre empieza con un arma. A veces empieza con una promesa falsa: dinero rápido, trabajo, protección, poder o pertenencia. En comunidades marcadas por la pobreza, la violencia y la ausencia del Estado, esos mensajes pueden entrar donde la escuela, el deporte, la cultura o las oportunidades nunca llegaron con suficiente fuerza.

Pero la realidad es brutal. El crimen organizado no les ofrece una salida; los convierte en carne de cañón. Los usa para vigilar, transportar droga, amenazar, extorsionar o matar, mientras los verdaderos jefes se esconden detrás de adolescentes que muchas veces ni siquiera entienden el tamaño de la violencia en la que fueron atrapados.

Por eso casos como el de Sergio Daniel duelen tanto. Tenía 16 años, quería ser boxeador y, según su familia, fue asesinado después de negarse a trabajar para el crimen organizado en Ciudad Obregón, Sonora. Su historia muestra el horror de un país donde un adolescente puede pagar con la vida por decirle no al narco.

El problema no es solo que haya menores víctimas del crimen. El problema es que también hay menores siendo reclutados para amenazar, atacar o matar a otros menores. Una generación entera está creciendo entre miedo, presión criminal y abandono institucional, mientras el Estado muchas veces llega tarde: después de la amenaza, después del reclutamiento, después del homicidio.

El narco no ayuda a los jóvenes. Los usa, los rompe y los reemplaza. México no puede normalizar que un adolescente tenga que elegir entre obedecer, huir o morir. Eso no es destino: es abandono, violencia y crimen organizado destruyendo una generación.

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