El caso Sinaloa ya dejó de ser solo ruido político. Estados Unidos pidió la detención provisional con fines de extradición de Rubén Rocha Moya y otros nueve funcionarios o exfuncionarios ligados a su gobierno, dentro de una acusación que señala presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa, sobornos y protección institucional al crimen organizado.
De esos 10 señalados, dos exfuncionarios ya están en custodia de Estados Unidos: Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa, y Enrique Díaz Vega, exsecretario de Finanzas. El golpe es directo al círculo de Rocha Moya. Uno encabezaba la seguridad del estado; el otro, las finanzas públicas. Dos áreas clave de cualquier gobierno.
Mientras tanto, otros nombres de peso siguen bajo presión. Enrique Inzunza, senador de Morena y exsecretario de Gobierno de Sinaloa, reapareció solo en redes para decir que está en Sinaloa y negar que esté negociando una entrega con Estados Unidos. Pero el dato incómodo es que no se ha presentado en sesiones de la Comisión Permanente desde que estalló el caso.
Rocha Moya también enfrenta su propio cerco político. Pidió licencia como gobernador de Sinaloa, fue señalado desde Estados Unidos y lleva días sin aparecer públicamente. Aunque desde Palacio Nacional se ha insistido en que está en Sinaloa y que debe respetarse el debido proceso, su ausencia solo alimenta más dudas.
El peligro para Morena es enorme. Si los detenidos deciden cooperar con Estados Unidos, el caso puede dejar de ser una acusación política y convertirse en testimonios, documentos, rutas de dinero y nombres. Ahí el problema ya no sería solo Rocha Moya: sería saber hasta dónde llegaba la presunta red de protección dentro del gobierno de Sinaloa.
Sheinbaum insiste en que no se protegerá a nadie, pero cada captura, cada ausencia y cada señal desde Estados Unidos vuelve más difícil sostener que esto no compromete políticamente a Morena. El caso Rocha ya no está quieto: Washington está moviendo piezas, dos ya están bajo custodia y los demás cargan con una pregunta imposible de esquivar: ¿quién sigue?

















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