Alicia Bárcena, titular de Semarnat, aseguró que no se aprobará el proyecto Perfect Day de Royal Caribbean en Mahahual, Quintana Roo. La declaración encendió una esperanza para organizaciones ambientales, habitantes y defensores del territorio que han advertido sobre los riesgos de construir un parque acuático gigante para cruceristas en una zona frágil, con presión sobre manglar, agua, coral, selva y comunidad.
En papel, la noticia suena como una victoria ambiental. Royal Caribbean prometía inversión, turismo y empleo, pero el proyecto también implicaba una carga enorme para Mahahual: miles de visitantes diarios, mayor presión sobre servicios básicos, residuos, agua, drenaje y un ecosistema que ya vive bajo amenaza. Por eso, escuchar a Semarnat decir que no se aprobará parece un freno importante.
Pero el antecedente del Tren Maya obliga a desconfiar. Con esa obra también hubo alertas ambientales, críticas por afectaciones a selva, cenotes, cavernas, fauna y comunidades. Y aun así, el proyecto avanzó. Ahí está la duda: en México una cosa es lo que advierte la autoridad ambiental y otra muy distinta lo que decide el poder político cuando una obra ya fue vendida como desarrollo.
La contradicción pega más porque cuando Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard presentaron el proyecto de Royal Caribbean, el discurso era de entusiasmo: inversión, empleos, turismo y oportunidades. Ahora, con la presión social y ambiental encima, Semarnat asegura que no pasará. La pregunta incómoda es si el gobierno realmente va a defender Mahahual o si solo está bajando la presión mientras se acomoda el proyecto.
Si Semarnat mantiene el “no”, Mahahual gana tiempo y defensa. Pero si el poder vuelve a imponerse, el Perfect Day podría terminar como otros megaproyectos: aprobado pese a las alertas, justificado por el dinero y defendido como progreso. Hoy Mahahual respira, pero no se confía. Porque en México el ambiente muchas veces pierde cuando el negocio ya fue anunciado con sonrisa oficial.

















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