Jack Landsmanas Stern, empresario detrás de Grupo Kosmos, ha logrado mantenerse como uno de los grandes proveedores de alimentos para dependencias públicas en México, a través de empresas como La Cosmopolitana, Productos Serel y Kol Tov. Su grupo ha surtido comida a cárceles, hospitales, instituciones públicas y programas gubernamentales durante distintos gobiernos.
El problema es que su nombre no llega limpio. Grupo Kosmos y empresas relacionadas con la familia Landsmanas han sido señaladas durante años por presuntos sobreprecios, comida en mal estado, contratos cuestionados, investigaciones financieras y presuntos vínculos con operaciones de alimentos del programa CLAP en Venezuela, un esquema asociado al gobierno de Nicolás Maduro y envuelto en acusaciones de corrupción internacional.
Ahí aparece la contradicción política. Morena prometió acabar con los proveedores manchados del viejo régimen, cerrar la puerta a los negocios oscuros y limpiar el uso del presupuesto público. Pero empresas de la familia Landsmanas siguieron recibiendo contratos públicos durante gobiernos de la llamada transformación.
El caso pega porque exhibe que la 4T no necesariamente rompió con los grupos empresariales señalados por irregularidades. En lugar de sacarlos del presupuesto, muchos de esos proveedores simplemente encontraron nuevas ventanillas, nuevos gobiernos y nuevos contratos para seguir operando.
Morena decía que iba a limpiar el sistema, pero el caso Landsmanas deja una pregunta incómoda: ¿combatieron a los proveedores del viejo régimen o simplemente aprendieron a usarlos? Porque la “transformación” no los sacó del negocio público; solo les cambió de administración.

















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