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Sheinbaum pide no ver TV Azteca y luego dice que no hay censura.

Primero, Claudia Sheinbaum usó la mañanera para acusar a TV Azteca de difundir mentiras y campañas contra su gobierno. Después lanzó un llamado directo a la audiencia: “No vean TV Azteca”. La frase no salió de una conversación cualquiera ni de una cuenta personal, sino desde el espacio oficial de la Presidencia.

La respuesta de TV Azteca llegó con fuerza. La televisora acusó a Sheinbaum de promover un intento de censura, de atacar la libertad de expresión y de usar el poder presidencial para desacreditar a un medio crítico. También lanzó una advertencia clara: “No nos van a callar”.

Después, la presidenta negó que hubiera censura. Dijo que en México existe libertad de expresión y que su gobierno no calla a nadie. Pero el problema no es solamente si TV Azteca sigue al aire o si puede seguir transmitiendo. El problema es más profundo: una cosa es que el gobierno desmienta información y otra muy distinta es que desde Palacio Nacional se pida apagar a un medio específico.

Sheinbaum tiene derecho a responder críticas, corregir datos y defender a su gobierno. Pero cuando la Presidencia usa la mañanera para señalar a una televisora y pedir que la gente no la vea, la discusión deja de ser una simple pelea mediática. Se convierte en una alerta sobre el uso del poder contra voces incómodas.

Porque para el oficialismo, muchas veces todo lo que incomoda se vuelve “mentira”, “campaña” o “ataque”. Pero mostrar la violencia, el abandono, la inseguridad, las crisis sociales o los errores del gobierno no es necesariamente mentir. También es contar una realidad que el poder preferiría no ver.

La libertad de expresión no se demuestra presumiéndola en una conferencia. Se demuestra tolerando la crítica, incluso cuando molesta. Se demuestra permitiendo que medios, periodistas y ciudadanos cuestionen al gobierno sin ser señalados desde el aparato presidencial como enemigos o propagadores de mentiras.

Ese es el punto central. No se trata de defender a TV Azteca como empresa ni a Ricardo Salinas Pliego como empresario. Se trata de defender un principio básico: el poder no debe decidir qué medio merece audiencia y cuál debe ser castigado públicamente.

Sheinbaum dice que no hay censura. Pero cuando una presidenta pide desde la mañanera que la gente deje de ver una televisora crítica, el mensaje es grave. Puede no ser censura formal, pero sí es presión desde el poder. Y en una democracia, eso debería preocupar incluso a quienes nunca ven TV Azteca.

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