El embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, cumplió un año en el país y lo hizo presumiendo cifras récord en materia de seguridad. A través de un informe oficial, destacó una “sólida alianza” con el gobierno mexicano y celebró avances en cooperación bilateral, operaciones contra líderes criminales, extradiciones y transferencias a custodia estadounidense.
De acuerdo con el balance presentado por Johnson, durante este periodo se concretaron 96 extradiciones y 92 transferencias de personas a custodia de Estados Unidos. Para la embajada, estos números representan una muestra de coordinación entre ambos países y un mensaje de colaboración frente al crimen organizado.
Pero el informe también tiene una lectura política mucho más incómoda. Porque mientras Johnson habla de alianza, el discurso de Donald Trump hacia México suele caminar por otro lado: presión, frontera, amenaza, narcotráfico y mano dura.
Ahí está la contradicción. Lo que para la embajada puede presentarse como cooperación, para Trump también puede ser usado como prueba de que presionar a México funciona. Las extradiciones y transferencias pueden venderse como resultado compartido, pero también como trofeo político de Washington frente a un país al que el trumpismo insiste en señalar por no hacer lo suficiente contra los cárteles.
México aparece así en una posición compleja. Por un lado, el gobierno estadounidense presume coordinación y resultados. Por otro, difícilmente soltará la narrativa de que México sigue fallando en seguridad, especialmente cuando se habla de crimen organizado, fentanilo, frontera y corrupción.
Johnson celebra una alianza. Trump suele hablar de exigencias. Y en esa diferencia se entiende buena parte de la relación actual entre ambos países: diplomacia en los comunicados, presión en el discurso político.
El mensaje final es claro. Estados Unidos puede reconocer cooperación cuando le conviene, pero eso no significa que vaya a dejar de usar a México como tema de campaña, amenaza o negociación. Para Washington, las cifras de seguridad sirven para presumir resultados; para Trump, también pueden servir para reforzar su idea de que México solo responde cuando siente presión.

















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