Joaquín “El Chapo” Guzmán insiste en regresar a México. Desde la prisión de máxima seguridad donde permanece recluido en Estados Unidos, el exlíder del Cártel de Sinaloa ha enviado diversas cartas para solicitar ayuda, denunciar las condiciones de su encierro y pedir que le permitan cumplir su condena en territorio mexicano.
Guzmán reclama el aislamiento extremo, la falta de visitas, problemas de salud y dificultades para comunicarse con sus familiares y abogados. También sostiene que su esposa y sus hijas lo necesitan, y asegura que merece una nueva oportunidad porque, según él, ya cambió.
Pero detrás de esa nostalgia por México podrían existir motivos mucho menos sentimentales. En una prisión mexicana tendría condiciones penitenciarias menos extremas, estaría más cerca de su familia y posiblemente contaría con mayores oportunidades para comunicarse con el exterior.
Y existe un antecedente imposible de ignorar: México ya tuvo al Chapo bajo custodia y se escapó dos veces.
La primera fuga ocurrió en 2001, cuando salió del penal de Puente Grande. La segunda fue en 2015, mediante un túnel construido directamente hasta la regadera de su celda en el penal del Altiplano. Dos episodios que exhibieron corrupción, complicidades y graves fallas dentro del sistema penitenciario mexicano.
Por eso, su posible regreso representaría un enorme desafío de seguridad. El Chapo no es cualquier interno: durante años encabezó una de las organizaciones criminales más poderosas del mundo, con dinero, contactos y capacidad para penetrar instituciones.
México tendría que garantizar que no reciba privilegios, que no reconstruya canales de comunicación con el Cártel de Sinaloa, que no reactive antiguas redes de protección y, sobre todo, que no vuelva a desaparecer bajo tierra.
El exnarcotraficante pide compasión y sostiene que merece otra oportunidad. Pero las víctimas, los desaparecidos y las comunidades golpeadas por la violencia de su organización también tienen memoria.
Por ahora, el juez estadounidense ya rechazó varias de sus peticiones. El Chapo seguirá escribiendo cartas y pidiendo que lo ayuden a regresar, pero México debería pensarlo dos veces antes de volver a recibir al preso que ya se le escapó… dos veces.

















Leave a Reply