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México celebra que “solo” hubo 30 homicidios durante la fiebre mundialista.

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública atribuyó a la fiebre mundialista una jornada con menor número de homicidios en México. Ese día se registraron 30 asesinatos, una cifra inferior a la habitual y que terminó presentada prácticamente como una buena noticia.

La reducción puede ser relevante dentro de las estadísticas oficiales, pero no debería ocultar la dimensión humana del dato. Treinta personas fueron asesinadas en apenas 24 horas. Son 30 víctimas, 30 familias enfrentando una pérdida y 30 investigaciones que deberían esclarecerse.

Además, la coincidencia con un partido o con el ambiente mundialista no basta para demostrar que el futbol provocó directamente la baja. Para sostener esa relación sería necesario analizar un periodo más amplio, comparar distintos días y revisar otros factores relacionados con la violencia.

El verdadero problema está en la normalización. México ha vivido durante tanto tiempo con cifras elevadas de homicidios que una jornada con 30 asesinatos ya puede describirse como tranquila o extraordinariamente positiva.

Cada número representa una vida que no regresará después del partido. Una familia que recibió una llamada, una comunidad que perdió a alguien y un sistema de justicia que todavía debe responder.

La fiebre mundialista podrá llenar estadios, modificar agendas y detener ciudades. Pero no debería utilizarse para celebrar que ese día asesinaron a “solo” 30 mexicanos. Porque mientras una cifra así sea considerada una buena noticia, la violencia seguirá siendo una tragedia demasiado normalizada.

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