El nuevo escenario de Bad Bunny, conocido como La Casita, provocó una ola de inconformidades entre fans mexicanos luego de que su instalación generara dudas sobre la visibilidad en el concierto. El elemento, una estructura con forma de casa puertorriqueña que ya había sido utilizada en otros países durante el tour, fue colocado en la zona General B, lo que encendió la molestia de quienes habían adquirido boletos más costosos.
En redes sociales, cientos de asistentes denunciaron que la distribuidora no informó previamente sobre el montaje especial, alegando que su experiencia podría verse afectada. La presión creció hasta volverse tendencia nacional, con exigencias de aclaraciones y solicitudes de reembolso dirigidas a OCESA y Ticketmaster.
Ante la respuesta del público, OCESA anunció reembolsos completos para las zonas afectadas y para quienes decidan no asistir bajo las nuevas condiciones. El trámite estará disponible hasta el 9 de diciembre de 2025.
El episodio reabre la discusión sobre la transparencia en la industria de los espectáculos y cómo los cambios de montaje pueden modificar de forma significativa la experiencia del público. En un mercado donde cada detalle importa, La Casita terminó encendiendo un debate mayor sobre la relación entre productoras, artistas y fans.

















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