Pemex vuelve a estar bajo la lupa en Salina Cruz, Oaxaca, después de confirmar una nueva fuga de combustóleo en un ducto de la zona. La empresa aseguró que la falla ya fue reparada y que se realizaron trabajos para contener el derrame.
Sin embargo, para vecinos afectados, el problema no termina con el cierre de una válvula ni con un comunicado oficial. Habitantes denunciaron presencia de combustible en calles y viviendas, además de molestias por lo que consideran una respuesta tardía ante la emergencia.
El incidente vuelve a encender las alarmas en una zona donde Pemex ya arrastra antecedentes recientes de derrames, incendios y fallas operativas. Salina Cruz se ha convertido en un punto sensible para la empresa, no solo por la actividad energética, sino por el impacto que cada incidente deja en la población.
Aunque Pemex sostiene que la fuga fue atendida y controlada, la preocupación ciudadana permanece. Las familias que viven cerca de la infraestructura petrolera exigen explicaciones claras, reparación de daños y garantías de que este tipo de episodios no se repetirá.
El problema ya no es únicamente la fuga más reciente. Es la acumulación de incidentes que alimenta la percepción de abandono, riesgo e insuficiente vigilancia sobre instalaciones estratégicas.
Pemex contuvo la fuga. Lo que sigue sin contener es la desconfianza ciudadana.
















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