En Lagos de Moreno no apareció Batman. Lo que apareció fue el hartazgo de una comunidad que, ante la percepción de inseguridad y falta de resultados, comienza a ver con simpatía actos que deberían encender señales de alarma.
Durante los últimos días, varias personas han sido encontradas amarradas a postes en distintos puntos del municipio jalisciense. Algunas de ellas fueron exhibidas mediante cartulinas en las que se les acusa de ser presuntos responsables de robos, principalmente de motocicletas.
Las imágenes rápidamente se viralizaron en redes sociales. Ahí comenzó a surgir un fenómeno que refleja el ánimo social en la región: numerosos usuarios empezaron a referirse al responsable como un “justiciero”, mientras otros incluso lo bautizaron como “Batman”.
Sin embargo, detrás de la narrativa viral existen múltiples interrogantes. Hasta ahora, las autoridades no han confirmado que se trate de una sola persona actuando por cuenta propia. Tampoco existe evidencia pública que permita asegurar que quienes fueron exhibidos efectivamente cometieron los delitos de los que se les acusa.
La Fiscalía de Jalisco ya abrió investigaciones para esclarecer los hechos y determinar quién o quiénes están detrás de estos episodios. No obstante, el hecho de que las acciones se hayan repetido en distintas ocasiones sin una explicación clara ha incrementado aún más la incertidumbre.
Más allá del morbo o del fenómeno viral, el caso expone un problema mucho más profundo. Cuando una parte de la sociedad comienza a celebrar castigos callejeros o a convertir a un supuesto justiciero en figura popular, la discusión deja de centrarse únicamente en la delincuencia.
El verdadero mensaje es otro: la confianza en las instituciones encargadas de impartir justicia se encuentra seriamente erosionada. Porque cuando la ciudadanía empieza a aplaudir la justicia por mano propia, el problema ya no es solo la inseguridad. El problema es que muchos han dejado de creer que la autoridad pueda resolverla.
















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