En medio de la emergencia humanitaria provocada por los terremotos en Venezuela, el rescatista mexicano Héctor Méndez Rosales, conocido como “El Topo Mayor”, denunció un episodio que abrió un nuevo debate sobre la politización de la ayuda internacional.
Méndez aseguró que una reportera venezolana intentó darle un guion antes de realizarle una entrevista mientras participaba en las labores de rescate en las zonas afectadas por los sismos.
De acuerdo con el propio rescatista, la comunicadora le pidió agradecer públicamente a la presidenta Claudia Sheinbaum por el apoyo enviado a Venezuela. La petición provocó el rechazo inmediato del integrante de Topos Azteca, quien se negó a seguir cualquier línea política.
“El Topo Mayor” dejó claro que su presencia en territorio venezolano tenía un único objetivo: colaborar en las tareas de búsqueda y rescate de personas atrapadas entre los escombros.
Méndez explicó que acudió como voluntario y no como representante político ni operador de ningún gobierno, por lo que consideró inapropiado utilizar la tragedia para enviar mensajes de carácter propagandístico.
Hasta el momento no se ha confirmado públicamente la identidad de la reportera involucrada ni existe evidencia que demuestre una instrucción directa por parte del gobierno venezolano o del gobierno mexicano para realizar este tipo de solicitudes.
Sin embargo, el episodio abrió una discusión más amplia sobre el manejo político de la ayuda humanitaria y sobre los límites entre la comunicación gubernamental y la atención a una tragedia.
Porque cuando miles de personas enfrentan una emergencia, la prioridad debería ser salvar vidas, atender a las víctimas y apoyar a las comunidades afectadas, no construir narrativas políticas alrededor del dolor.
La polémica deja una pregunta incómoda: cuando la ayuda llega acompañada de cámaras y mensajes prefabricados, ¿el objetivo sigue siendo únicamente ayudar o también obtener reconocimiento político?

















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