La FIFA sancionó a varios futbolistas de la Selección Argentina por los incidentes ocurridos después de la final del Mundial 2026, pero una decisión posterior del organismo abrió una fuerte polémica: las suspensiones también podrán cumplirse en partidos amistosos internacionales de categoría A.
Entre los castigos más severos está el de Leandro Paredes, quien recibió una suspensión de 10 partidos, mientras que Nahuel Molina fue castigado con siete. Otros integrantes de la selección también recibieron sanciones deportivas y económicas.
La controversia comenzó cuando la Asociación del Futbol Argentino solicitó que los amistosos pudieran contar para descontar fechas de suspensión. FIFA aceptó el planteamiento.
En términos reglamentarios, las sanciones permanecen intactas. Sin embargo, en la práctica Argentina podrá programar partidos de preparación y utilizar esos encuentros para reducir el número de compromisos oficiales que sus jugadores deberán perderse.
Ahí está el punto que ha generado críticas.
Un castigo de 10 partidos puede sonar contundente, pero si buena parte se cumple en amistosos donde no hay puntos, clasificación o títulos en disputa, el impacto competitivo disminuye considerablemente.
Eso podría permitir que figuras sancionadas vuelvan a estar disponibles cuando lleguen los encuentros realmente importantes.
La decisión también abre una discusión sobre el sentido de las sanciones deportivas. Si el objetivo es castigar una conducta y generar un precedente, permitir que el castigo se consuma en partidos de preparación puede restarle fuerza ejemplar.
La AFA, además, todavía podría buscar una reducción adicional de algunas sanciones mediante recursos ante FIFA o incluso otras instancias deportivas.
Así, el castigo continúa oficialmente vigente, pero Argentina consiguió una vía para hacerlo menos costoso sobre la cancha.
La pregunta queda abierta: ¿FIFA realmente castigó a Argentina o simplemente encontró una forma más cómoda de cumplir con el trámite?

















Leave a Reply