Después de semanas de rumores, intentos fallidos y negociaciones contrarreloj, la Máquina cerró la contratación de Nico Ibáñez, quien llega como la respuesta urgente a la falta de gol que arrastraba el equipo.
El fichaje se concretó prácticamente sobre la hora del cierre de registros. La directiva buscó otras alternativas antes de activar esta opción. Miguel Borja estuvo en la órbita celeste, pero la plaza de extranjero no se liberó a tiempo. João Pedro también fue analizado, aunque su edad y el alto costo de su cláusula terminaron por enfriar la operación. Con el reloj encima, Cruz Azul ejecutó el plan alterno… y lo hizo con un nombre probado en la Liga MX.
Nico Ibáñez no es una apuesta al aire. Es un delantero argentino de área, físico, constante y con olfato goleador. Su juego aéreo, presencia en el área y regularidad frente al arco lo convirtieron en uno de los atacantes más confiables del futbol mexicano en los últimos torneos.
Su mejor versión se vio con Pachuca, donde fue campeón de goleo, referente ofensivo y pieza clave en la conquista del título de Liga MX. Ahí demostró que puede cargar con la responsabilidad del ataque y responder en momentos grandes.
En Tigres sumó títulos y experiencia, aunque sin la continuidad que había tenido en etapas anteriores. Ahora el contexto es distinto: llega a Cruz Azul con un reto claro y directo. Ser el 9 que marque diferencias inmediatas.
La Máquina no buscaba promesas, buscaba gol. Buscaba certeza. Buscaba cerrar un mercado complicado con una incorporación que reduzca el margen de error.
La novela terminó. Nico es azul.
Y a partir de ahora, la presión ya no está en la directiva… está en la cancha















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