La muerte de un joven médico en Argentina abrió una investigación que va más allá de un caso individual y apunta a un posible desvío ilegal de medicamentos de uso hospitalario.
El anestesiólogo Alejandro Zalazar, de 31 años, fue encontrado sin vida en febrero dentro de su departamento. De acuerdo con los primeros reportes, la causa probable fue una sobredosis.
En el lugar, las autoridades hallaron elementos que encendieron las alertas: una vía intravenosa conectada a su cuerpo y acceso a sustancias que no están disponibles para el público general.
Entre los fármacos identificados se encuentran Propofol y Fentanilo, dos potentes anestésicos utilizados en entornos hospitalarios y cuyo manejo está estrictamente controlado.
El caso llevó a las autoridades hasta el Hospital Italiano de Buenos Aires, donde trabajaba el médico. Ahí se detectaron posibles irregularidades en el manejo de medicamentos, lo que derivó en una segunda línea de investigación.
Actualmente, hay dos causas abiertas: una por la muerte del anestesiólogo y otra por el presunto desvío de fármacos dentro del hospital.
En este contexto, fueron señalados e imputados los médicos residentes Hernán Boveri y Delfina Lanusse, acusados de administración fraudulenta. Ambos fueron separados de sus cargos mientras avanza el proceso.
Según testimonios recabados durante la investigación, los medicamentos habrían sido utilizados fuera del ámbito hospitalario en reuniones privadas conocidas como “Propo Fest”, donde se consumían con fines recreativos.
El caso dejó de ser solo una muerte por sobredosis. Las autoridades ahora investigan la posible existencia de una red de tráfico y uso indebido de sustancias médicas, lo que podría ampliar el alcance del escándalo dentro del sistema de salud.
La investigación sigue en curso y no se descarta que surjan más implicados en un caso que expone riesgos en el control de medicamentos altamente sensibles.

















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