Doce de febrero. El día que nació una de las voces más incómodas, lúcidas y honestas de la música en español: Joaquín Sabina.
Joaquín Ramón Martínez Sabina nació el 12 de febrero de 1949 en Úbeda, Jaén. Hijo de un policía franquista, desde joven mostró una inclinación rebelde y una postura política crítica que lo llevaría, en los años setenta, al exilio en Londres por su militancia antifranquista. En la capital británica sobrevivió cantando en bares, escribiendo canciones y puliendo el estilo narrativo que más tarde lo convertiría en referencia obligada de la canción de autor.
Tras la muerte de Francisco Franco regresó a España y comenzó una carrera que terminaría marcando a varias generaciones. En los años ochenta consolidó su identidad artística: crónica urbana, ironía afilada, derrotas sentimentales y una manera única de convertir el fracaso en poesía.
La consagración: canciones que no envejecen
Entre su vasta discografía destaca 19 días y 500 noches (1999), considerado por muchos su obra maestra. El álbum nació tras una ruptura sentimental que detonó uno de los procesos creativos más intensos de su carrera. La canción homónima se convirtió en un himno del desamor descarnado.
Antes y después de ese disco, Sabina ya había dejado piezas fundamentales del repertorio en español: Y nos dieron las diez (1992), Contigo (1996) y Princesa (1985), entre muchas otras. Su capacidad para retratar madrugadas, bares, despedidas y amores imperfectos lo consolidó como cronista sentimental de varias generaciones.
Amistades legendarias
La vida de Sabina no solo se escribió en canciones, también en amistades. Fue cercano al escritor Gabriel García Márquez, con quien compartió tertulias y admiración mutua. Mantuvo una relación profunda con Chavela Vargas, marcada por complicidad artística y afecto personal. Y expresó públicamente su devoción por Diego Maradona, de quien llegó a decir que habría dado años de su vida por jugar como él.
También protagonizó giras históricas junto a Joan Manuel Serrat, con quien compartió escenario en múltiples ocasiones, consolidando una de las alianzas más emblemáticas de la música iberoamericana.
Atlético de Madrid: una forma de entender la vida
Declarado aficionado del Atlético de Madrid, Sabina compuso el himno del centenario del club en 2003. Para él, ser del Atlético no era solo apoyar a un equipo, sino asumir una filosofía: resistir, sufrir y celebrar lo improbable. Ha participado en actos oficiales del club y ha convertido esa pasión en parte de su identidad pública.
Socios creativos: de Pancho Varona a Leiva
Durante más de tres décadas, Pancho Varona fue su colaborador más cercano y coautor de gran parte de sus canciones más emblemáticas. La ruptura profesional anunciada en 2022 sorprendió al mundo musical, al tratarse de una de las duplas más sólidas de la canción española.
En su etapa más reciente, Sabina trabajó con Leiva, quien produjo discos como Lo niego todo (2017) y participó en Contra todo pronóstico (2022). Esta fase mostró un sonido más sobrio e introspectivo, marcado por la madurez y la revisión personal.
Enemigos íntimos: el disco y la ruptura
En 1998 grabó junto a Fito Páez el álbum Enemigos íntimos, un proyecto que generó enorme expectativa. El disco fue exitoso, pero la gira fue cancelada antes de comenzar debido a tensiones personales y desacuerdos creativos. La ruptura fue pública y mediática, convirtiendo el proyecto en una obra tan recordada por su música como por el conflicto que la rodeó.
Excesos, salud y supervivencia
Sabina ha reconocido abiertamente los excesos que marcaron su vida en los años ochenta y noventa, particularmente en relación con el alcohol y otras sustancias. En 2001 sufrió un ictus leve que obligó a replantear su ritmo de trabajo y su estilo de vida.
En febrero de 2020 sufrió una caída durante un concierto en Madrid que lo mantuvo alejado de los escenarios durante meses. A pesar de los golpes físicos y personales, su figura permanece vigente.
El poeta incómodo
Además de músico, Sabina ha publicado libros de poesía y sonetos. Su bombín, convertido en símbolo, acompaña una trayectoria que nunca buscó la perfección, sino la verdad emocional. No cantó al amor idealizado, sino al amor real, contradictorio y a veces devastador.
A los 75 años, Joaquín Sabina sigue siendo una referencia inevitable de la música en español. Un artista que convirtió el fracaso en himno, la madrugada en escenario y la herida en literatura popular.
Nos sobran los motivos para recordarlo.















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