Perú vuelve a cambiar de presidente: la destitución de José Jerí y una década de inestabilidad política
El 17 de febrero de 2026, el Congreso de la República del Perú destituyó a José Jerí con 75 votos a favor, 24 en contra y 3 abstenciones. Cuatro meses después de haber asumido el cargo, el país sumó un nuevo presidente que no logra concluir su mandato.
La salida de Jerí no es un hecho aislado. Es el capítulo más reciente de una crisis política que Perú arrastra desde hace casi una década.
La caída de José Jerí
Jerí, congresista del partido Somos Perú, asumió la presidencia el 10 de octubre de 2025 tras la vacancia de Dina Boluarte. Su llegada se presentó como una figura de transición en medio de tensiones políticas acumuladas.
Sin embargo, su mandato quedó marcado por cuestionamientos. El Congreso aprobó su censura por “inconducta funcional y falta de idoneidad para el cargo”, en un contexto de investigaciones fiscales relacionadas con reuniones no registradas con empresarios —incluido un encuentro polémico con inversionistas chinos— y presuntas irregularidades administrativas.
La Fiscalía abrió investigaciones por posibles delitos como tráfico de influencias, contrataciones irregulares y patrocinio ilegal. Jerí negó las acusaciones y sostuvo que se trataba de una ofensiva política. Hasta ahora no existe sentencia judicial firme en su contra.
El nuevo presidente interino
Tras su destitución, el Congreso designó como presidente interino a José María Balcázar, congresista del partido Perú Libre, de 83 años.
Su encargo es claro: conducir la transición institucional hasta las elecciones generales programadas para abril de 2026 y garantizar la toma de posesión del nuevo mandatario electo.
Una década de presidentes interrumpidos
Desde 2016, Perú ha vivido una sucesión constante de jefes de Estado:
• Pedro Pablo Kuczynski renunció en 2018.
• Martín Vizcarra fue vacado en 2020.
• Manuel Merino duró apenas días tras protestas masivas.
• Francisco Sagasti asumió como transición.
• Pedro Castillo fue destituido en 2022 tras intentar disolver el Congreso.
• Dina Boluarte enfrentó crisis social y terminó vacada en 2025.
• José Jerí duró cuatro meses en 2026.
La rotación presidencial se ha convertido en una constante.
La figura de la “incapacidad moral permanente”
Uno de los factores estructurales clave es la figura constitucional de la “incapacidad moral permanente”, que permite al Congreso declarar la vacancia presidencial con una votación calificada.
En teoría, es un mecanismo de control. En la práctica, se ha convertido en una herramienta política recurrente en un Parlamento fragmentado. El uso reiterado de esta figura ha debilitado la estabilidad del Ejecutivo y ha generado un ciclo de confrontación permanente entre poderes.
Fragmentación y crisis de partidos
Perú enfrenta además una fragmentación partidaria profunda. El Congreso está compuesto por múltiples bancadas con alianzas volátiles y liderazgos débiles. La ausencia de partidos sólidos dificulta la construcción de mayorías estables y convierte la gobernabilidad en una negociación constante.
La tensión entre Ejecutivo y Legislativo ha sido una característica estructural del sistema político peruano en los últimos años.
Protestas y desgaste institucional
La destitución de Pedro Castillo en 2022 desató una ola de protestas sociales que dejaron muertos, heridos y una profunda polarización. Desde entonces, la legitimidad de las instituciones ha sido cuestionada por amplios sectores de la ciudadanía.
Cada cambio presidencial erosiona la confianza pública y alimenta la percepción de crisis permanente.
¿Y la economía?
Paradójicamente, la economía peruana ha mostrado resiliencia relativa frente a la turbulencia política. El país mantiene fundamentos macroeconómicos sólidos en comparación con otros de la región, aunque la incertidumbre institucional impacta la inversión y la percepción de riesgo.
La estabilidad económica no ha logrado compensar el desgaste político.
Lo que viene
Las elecciones de abril de 2026 serán decisivas. No solo definirán al próximo presidente, sino que pondrán a prueba la capacidad del sistema político peruano para salir del ciclo de vacancias, censuras y crisis recurrentes.
La pregunta central ya no es únicamente quién gobernará Perú.
Es si el modelo político actual permite gobernar con estabilidad.
La destitución de José Jerí es un episodio más en una década convulsa.
La verdadera prueba será si el próximo gobierno logra romper el patrón.

















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