Los Alacranes de Durango cumplieron en casa y dio un paso más en la liguilla. Tras empatar 1-1 frente a Zacatepec en el partido de vuelta de los Cuartos de Final, el conjunto duranguense aseguró su lugar en semifinales luego de una eliminatoria cerrada, intensa y definida en los detalles.
Después del 2-2 en la ida, la serie llegaba completamente abierta al Estadio Francisco Zarco, y la vuelta respondió a esa tensión. No fue un partido cómodo ni una clasificación resuelta temprano. Fue un duelo que exigió manejo, orden y carácter para sostener una eliminatoria donde el margen de error era mínimo.
El 1-1 final dejó el global en 3-3, pero Alacranes supo hacer valer el criterio de desempate y, sobre todo, su capacidad para jugar la serie con inteligencia. Porque en liguilla muchas veces no avanza el que luce más, sino el que entiende cómo sobrevivir a partidos como este.
La clave estuvo en cómo Durango supo cerrar. No desde la espectacularidad, sino desde el oficio. El equipo resistió cuando tuvo que hacerlo, respondió en los momentos importantes y convirtió la localía en un factor real. En ese tipo de partidos, jugar en casa no basta: hay que hacerlo pesar. Y Alacranes lo hizo.
El pase a semifinales también confirma algo más profundo: esta no es solo una buena campaña, es un equipo que empieza a sostener argumentos para pensar en algo grande. La temporada había dejado señales, pero la liguilla es donde se validan los proyectos. Y Durango sigue respondiendo.
Ahora viene un reto mayor. Las semifinales elevan la exigencia y reducen aún más los márgenes. Pero llegar hasta aquí después de una serie tan apretada también fortalece. Porque estos partidos no solo clasifican equipos, también construyen carácter.
Alacranes no avanzó con una exhibición. Avanzó como suelen avanzar los equipos que compiten en serio: sabiendo sufrir, sabiendo cerrar y entendiendo que en estas instancias cada detalle vale una temporada. Y hoy, Durango sigue vivo.
















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