Un acto organizado por el DIF de Salamanca, Guanajuato, para conmemorar a víctimas de desaparición terminó generando críticas e indignación luego de que se entregaran pasteles decorados con fotografías de personas desaparecidas frente a familiares que todavía continúan buscándolas.
La actividad formó parte de una jornada realizada en el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. La intención oficial era sensibilizar, acompañar a las familias y mantener viva la memoria de quienes siguen sin ser localizados.
Sin embargo, la decisión de colocar los rostros de personas desaparecidas sobre alimentos provocó una reacción completamente distinta.
Madres buscadoras y usuarios en redes sociales calificaron el gesto como insensible, doloroso e incluso ofensivo. Una de las madres presentes decidió no tomar el pastel al considerar demasiado difícil ver la fotografía de su familiar utilizada de esa manera.
El episodio generó todavía más cuestionamientos por el contexto político. Salamanca es gobernado por Morena, un movimiento que ha colocado de forma constante a las víctimas, al pueblo y a la atención de las causas sociales como parte central de su discurso.
La contradicción quedó expuesta en un evento que pretendía expresar respaldo institucional, pero que terminó siendo señalado como una muestra de desconexión entre las autoridades y el dolor cotidiano de las familias buscadoras.
El problema no estuvo únicamente en la presentación de los pasteles. La crítica se concentró en la falta de sensibilidad para dimensionar lo que significa para una madre seguir buscando a un hijo, una hija o cualquier familiar desaparecido mientras observa su rostro convertido en parte de una actividad protocolaria.
Las familias buscadoras enfrentan además una realidad mucho más profunda que cualquier homenaje simbólico: expedientes abiertos, búsquedas prolongadas, ausencia de respuestas y, en muchos casos, años sin conocer el paradero de sus seres queridos.
Por eso, el caso de Salamanca abrió nuevamente una discusión sobre cómo deben actuar las instituciones frente a las víctimas y hasta qué punto los actos oficiales realmente responden a sus necesidades.
Las madres buscadoras no necesitan únicamente ceremonias, reconocimientos o gestos simbólicos. Necesitan investigaciones efectivas, búsquedas permanentes, resultados y respuestas.
Porque colocar el rostro de una persona desaparecida sobre un pastel puede presentarse como un homenaje, pero no sustituye lo verdaderamente urgente: encontrarla.
















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