Los resultados más recientes de PISA volvieron a colocar a México frente a una realidad difícil de maquillar: el desempeño de los estudiantes sigue siendo bajo en áreas fundamentales como matemáticas, lectura y ciencias.
Uno de los datos más preocupantes está en matemáticas. Apenas 3 de cada 10 estudiantes mexicanos alcanzan el nivel mínimo de competencia, mientras que en el promedio de la OCDE lo logran aproximadamente 6.5 de cada 10.
El problema no se limita al rezago general. México también tiene una presencia mínima en los niveles más altos de desempeño, es decir, entre los alumnos capaces de resolver problemas complejos, comprender textos con mayor profundidad o aplicar conocimientos científicos de manera avanzada.
Y no se trata de una caída aislada. Desde 2015 ha aumentado de forma importante la proporción de estudiantes con bajo rendimiento: 13 puntos porcentuales más en matemáticas y 8 puntos más en lectura.
Frente a estos resultados, la presidenta Claudia Sheinbaum ha cuestionado la forma en que PISA mide a los países y ha defendido que México tiene una pedagogía distinta. Sin embargo, el debate de fondo sigue abierto: tener un modelo educativo propio no elimina el hecho de que los resultados muestran carencias importantes en habilidades básicas.
La Nueva Escuela Mexicana también ha enfrentado críticas desde su implementación. Sus libros de texto han sido cuestionados por errores, por el peso de determinados enfoques ideológicos y por problemas para adaptarse a las necesidades reales de las aulas.
A esto se suma la situación de muchas escuelas. Cerca de la mitad de los alumnos estudia en planteles donde la falta de infraestructura afecta el proceso educativo, mientras que alrededor de 48% enfrenta carencias de materiales.
La discusión, entonces, va mucho más allá de si PISA es una medición perfecta o no. El problema es que distintos indicadores siguen mostrando a millones de estudiantes con dificultades para leer, razonar y resolver operaciones básicas.
Cuestionar la prueba puede ser válido. Lo que no resuelve el problema es utilizar esa crítica como sustituto de resultados.
Si el aprendizaje empeora, los materiales son cuestionados y las escuelas siguen arrastrando carencias, quizá la pregunta ya no sea cómo mide PISA a México, sino qué está fallando dentro del propio sistema educativo.
















Leave a Reply