La Independencia de México suele resumirse en el Grito de Dolores, Miguel Hidalgo y la consumación de 1821. Sin embargo, detrás de esa historia existen conspiraciones descubiertas, rivalidades internas, decisiones militares difíciles de explicar y personajes que incluso terminaron cambiando de bando.
Uno de los datos menos conocidos es que la rebelión no estaba planeada para comenzar el 16 de septiembre de 1810. La conspiración de Querétaro fue descubierta y los insurgentes tuvieron que adelantar el levantamiento. Además, en sus primeras etapas muchos participantes todavía reconocían formalmente a Fernando VII como rey y dirigían su rechazo contra el gobierno virreinal instaurado durante la crisis de la monarquía española.
Dentro del propio movimiento insurgente tampoco existía una unidad absoluta. Miguel Hidalgo e Ignacio Allende tuvieron fuertes diferencias sobre la estrategia militar, la disciplina de las tropas y la forma de conducir la guerra.
Incluso uno de los símbolos más famosos del movimiento surgió sobre la marcha. La imagen de la Virgen de Guadalupe no había sido diseñada previamente como bandera insurgente: Hidalgo la tomó en Atotonilco y terminó convirtiéndose en uno de los grandes emblemas de la rebelión.
Otro de los momentos que todavía genera debate ocurrió después de la batalla del Monte de las Cruces. Los insurgentes derrotaron a las fuerzas realistas y quedaron prácticamente a las puertas de la Ciudad de México.
Sin embargo, Hidalgo decidió retirarse en lugar de avanzar sobre la capital. Las razones exactas siguen siendo discutidas por historiadores y la decisión dejó una de las grandes preguntas de la Independencia: ¿qué habría ocurrido si los insurgentes hubieran entrado a la ciudad?
Hidalgo también tomó medidas profundamente importantes. En 1810 decretó la abolición de la esclavitud, pero pocos meses después fue capturado y fusilado.
Tras su muerte, las cabezas de Hidalgo, Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez fueron colocadas en jaulas y exhibidas durante años en las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato, como advertencia contra nuevas rebeliones.
Y el desenlace de la guerra tuvo uno de los giros más inesperados.
Agustín de Iturbide había combatido durante años del lado realista contra los insurgentes. Pero en 1821 terminó pactando con Vicente Guerrero, impulsó el Plan de Iguala y encabezó al Ejército Trigarante que finalmente consumó la Independencia.
Una guerra que comenzó con conspiradores perseguidos terminó 11 años después con antiguos enemigos marchando bajo una misma bandera y con uno de los antiguos defensores de la Corona convertido en protagonista de la separación de México de España.

















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