México atraviesa una transformación demográfica marcada por la disminución de los nacimientos y familias cada vez más pequeñas, una tendencia que podría modificar profundamente la composición de la población durante las próximas décadas.
Los registros muestran una caída importante en el número de nacimientos. Mientras en 2017 se contabilizaron aproximadamente 2.23 millones, para 2024 la cifra descendió a alrededor de 1.67 millones, lo que representa una reducción cercana al 25% en apenas siete años.
La tendencia también se refleja en la fecundidad. Actualmente se ubica alrededor de 1.7 a 1.8 hijos por mujer, por debajo de los aproximadamente 2.1 necesarios para mantener el reemplazo generacional de la población.
Detrás de este fenómeno existen distintos factores. El costo de criar a un hijo, las dificultades para acceder a una vivienda, los ingresos de los hogares, la decisión de postergar la maternidad y los cambios en las prioridades personales y profesionales han influido en la manera en que las nuevas generaciones deciden formar una familia.
La disminución de los nacimientos tendrá consecuencias que irán más allá del tamaño de las familias. México también se encamina hacia una población progresivamente más envejecida, con una menor proporción de niños y una presencia cada vez mayor de adultos mayores.
Las proyecciones demográficas estiman que para 2070 los menores de 11 años podrían representar alrededor del 10% de la población mexicana.
El cambio plantea retos importantes para las próximas décadas. Una población con menos niños y más adultos mayores puede transformar las necesidades del país en ámbitos como educación, empleo, pensiones, salud, cuidados y crecimiento económico.
México no dejará de tener niños, pero la tendencia es clara: nacen cada vez menos y el país deberá prepararse para una estructura demográfica muy distinta a la que tuvo durante buena parte de su historia reciente.
















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