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AIFA presume 22.6 millones de pasajeros en más de cuatro años; el AICM mueve prácticamente lo mismo en seis meses

El Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), una de las obras emblemáticas del gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador, vuelve a estar en el centro del debate por sus resultados. Aunque sus autoridades destacan que ha movilizado aproximadamente 22.6 millones de pasajeros desde su inauguración en marzo de 2022, la cifra contrasta con el tráfico del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), que alcanza un volumen similar en apenas seis meses.

La comparación ha generado cuestionamientos sobre el desempeño de una infraestructura presentada como una alternativa para transformar el sistema aeroportuario del centro del país y aliviar la saturación del aeropuerto capitalino.

Durante 2025, el AIFA recibió aproximadamente 7.1 millones de pasajeros, mientras que el AICM atendió alrededor de 44.6 millones. Esto significa que el aeropuerto capitalino movilizó más de seis veces el volumen anual de pasajeros registrado por la terminal de Santa Lucía.

La diferencia también resulta significativa frente a otros aeropuertos mexicanos. En el mismo año, Cancún registró aproximadamente 29.3 millones de pasajeros; Guadalajara, 18.7 millones; Monterrey, 15.6 millones; y Tijuana, 12.7 millones. Todos superaron al AIFA en movimiento de viajeros.

Estas cifras muestran que, pese al crecimiento registrado desde su apertura, el Felipe Ángeles todavía se encuentra lejos de los principales aeropuertos del país en términos de tráfico de pasajeros.

Otro de los puntos que alimentan la discusión es su capacidad instalada. El AIFA fue diseñado inicialmente para atender alrededor de 20 millones de pasajeros anuales; sin embargo, durante 2025 utilizó poco más de una tercera parte de esa capacidad.

Esto no significa necesariamente que toda su infraestructura deba operar al máximo desde sus primeros años, pero sí plantea interrogantes sobre el ritmo de crecimiento, la conectividad, la demanda de vuelos y el tiempo que necesitará para alcanzar los objetivos establecidos.

En contraste, el transporte de carga representa uno de sus principales resultados. El AIFA ha conseguido posicionarse como un centro importante para el movimiento de mercancías, especialmente después de las medidas que trasladaron operaciones de carga desde el AICM hacia otras terminales.

No obstante, el desempeño aeroportuario ocurre en un contexto nacional donde los robos y asaltos al transporte de mercancías continúan representando un problema para las empresas y las cadenas logísticas. Aunque estos delitos no pueden atribuirse directamente al funcionamiento del AIFA, evidencian los desafíos de seguridad que enfrenta el traslado de productos por carretera.

Más allá del número de pasajeros y de las operaciones de carga, el debate también involucra el costo de construcción, los recursos destinados a su funcionamiento y la rentabilidad de la inversión pública.

Las autoridades aeroportuarias han destacado avances en sus ingresos y resultados operativos, mientras que los cuestionamientos se concentran en determinar si el crecimiento de la terminal justifica los recursos invertidos y en qué plazo podrá consolidarse como una alternativa competitiva dentro del sistema aeroportuario nacional.

La discusión adquiere mayor relevancia porque el AIFA fue uno de los proyectos prioritarios del sexenio anterior, construido después de la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco, decisión que también generó controversias por sus consecuencias financieras y de planeación.

A más de cuatro años de su inauguración, el Felipe Ángeles continúa ampliando sus operaciones, pero los números muestran una distancia considerable respecto de aeropuertos consolidados como el AICM, Cancún, Guadalajara, Monterrey y Tijuana.

La pregunta de fondo no es únicamente cuántos pasajeros han utilizado sus instalaciones, sino cuánto ha costado alcanzar esos resultados, cuánto cuesta mantener la infraestructura y cuándo logrará aprovechar una mayor proporción de su capacidad.

Porque una cosa es construir e inaugurar un aeropuerto de grandes dimensiones y otra muy distinta es conseguir que tenga el movimiento de pasajeros, la conectividad y los resultados que justificaron su construcción.

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