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Se crucifican en la vida real: las prácticas extremas de Semana Santa en Filipinas.

Cada año, durante Semana Santa, algunas comunidades en Filipinas llevan la conmemoración de la pasión de Cristo a un nivel extremo: personas que se dejan clavar en cruces reales como acto de fe.

Estas prácticas ocurren principalmente en la provincia de Pampanga, en lugares como San Pedro Cutud, donde fieles participan voluntariamente en rituales que buscan recrear el sufrimiento de Jesús.

En estos actos, algunos hombres son clavados a cruces con clavos reales, permaneciendo suspendidos durante varios minutos antes de ser bajados y atendidos por equipos médicos. No se trata de una representación teatral, sino de una práctica que los participantes viven como un acto profundo de devoción.

Antes de llegar a la crucifixión, muchos fieles participan en rituales de penitencia física. Caminan descalzos por las calles, se cubren el rostro y se azotan la espalda con látigos, en algunos casos hasta provocar heridas abiertas. Estas procesiones, especialmente durante el Viernes Santo, forman parte de una tradición que mezcla fe, sacrificio y expiación.

Quienes participan lo hacen por distintas razones: cumplir promesas religiosas, pedir milagros, agradecer favores o buscar perdón por faltas personales. Para ellos, el sufrimiento físico tiene un significado espiritual.

Sin embargo, la Iglesia católica ha sido clara en su postura: no respalda estas prácticas. Autoridades eclesiásticas han señalado que este tipo de actos no forman parte de la doctrina oficial y que la fe no requiere ese nivel de sufrimiento físico para ser válida.

A pesar de ello, las tradiciones continúan cada año y atraen tanto a fieles como a turistas y medios de comunicación de todo el mundo. Las autoridades locales permiten su realización, aunque bajo supervisión médica para reducir riesgos.

El fenómeno genera debate. Para algunos, es una expresión legítima de fe llevada al extremo. Para otros, una práctica peligrosa que convierte el dolor en espectáculo.

En Filipinas, donde más del 80% de la población es católica, Semana Santa no solo se recuerda.
Se vive —literalmente— en el cuerpo.

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