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Claudia quiso dar cátedra contra Chihuahua, pero ahora falta que también regañe a su jefe.

Claudia Sheinbaum criticó que patrullas de Chihuahua usen símbolos del NYPD, el Departamento de Policía de Nueva York. La presidenta dijo que eso no estaba bien y lo calificó como una muestra de clasismo y racismo, al considerar que ese tipo de imagen manda el mensaje de que “lo de allá es mejor que lo de acá”. Incluso remató diciendo que ella prefiere Chihuahua antes que Nueva York.

Pero el discurso se topó con una respuesta incómoda. Marco Bonilla, alcalde de Chihuahua, le recordó que Andrés Manuel López Obrador también miró hacia Nueva York cuando fue jefe de Gobierno de la Ciudad de México. En aquel entonces, el gobierno capitalino recurrió a la asesoría de Rudolph Giuliani, exalcalde de Nueva York, para temas de seguridad pública.

Ahí está la doble vara. Si Chihuahua toma referencias de Nueva York, la 4T habla de clasismo, racismo y falta de identidad nacional. Pero si lo hizo el jefe político de Morena, entonces en su momento se vendió como estrategia, modernización y cooperación internacional.

La crítica de Sheinbaum pudo sonar patriótica, pero se desinfló cuando apareció el archivo de su propio movimiento. Porque el problema no es solo discutir si una patrulla mexicana debe usar símbolos extranjeros; el punto es por qué la indignación cambia dependiendo de quién lo hace.

Moraleja política: antes de regañar a otros por copiarle a Nueva York, conviene revisar si el jefe no lo hizo primero.

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