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Con Luisa y Andy, Morena dejó de arrasar.

La dirigencia anterior de Morena comenzó a registrar los primeros tropiezos electorales del partido, después de años en los que el movimiento se acostumbró a ganar prácticamente todo bajo el impulso presidencial y la estructura construida desde el poder.

Luisa María Alcalde encabezó Morena, mientras Andy López Beltrán tuvo un papel clave en la operación territorial del partido. Ambos prometieron fortalecer la maquinaria morenista, ordenar la estructura y ampliar la base de apoyo rumbo a los siguientes procesos electorales.

Sin embargo, los resultados mostraron retrocesos. En Durango, Morena perdió más del 11% de su votación, una caída que encendió alarmas internas y dejó claro que la marca ya no garantiza triunfos automáticos.

El caso no puede leerse como un hecho aislado. Aunque la caída en Coahuila ocurrió con otra dirigencia, dentro de Morena muchos consideran que el desgaste ya venía arrastrándose desde antes. Los problemas no comenzaron con una sola elección, pero los resultados recientes empezaron a hacerlos visibles.

La contradicción también apareció en la operación territorial. Morena presumió millones de afiliados, comités y estructura, pero esos números no se tradujeron con la misma fuerza en votos. Ahí está una de las preguntas más incómodas para el partido: si la maquinaria realmente funcionaba o si solo lucía fuerte en el discurso.

Durante años, Morena ganó con el arrastre de López Obrador, la popularidad presidencial y una oposición debilitada. Pero cuando esa ola empezó a perder fuerza, la dirigencia anterior enfrentó un escenario distinto: competir, convencer y defender territorios donde antes parecía suficiente aparecer en la boleta.

Luisa y Andy llegaron para consolidar el dominio de Morena. Pero sus tropiezos mostraron que el partido también puede perder, retroceder y pagar costos por su desgaste interno.

Ahora la pregunta es si Morena logrará corregir el rumbo con su actual dirigencia o si esas derrotas fueron apenas el inicio de una caída que el partido todavía no quiere reconocer.

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