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De stripper al Congreso: en Morena todo se puede.

Zenyazen Escobar García, diputado federal de Morena por Veracruz, ha cargado durante años con señalamientos sobre su presunto pasado como bailarín exótico. El punto no es condenar a alguien por haber trabajado en lo que fuera; el verdadero problema está en la forma en que Morena prometió transformar la política y terminó llenando espacios de poder con perfiles que arrastran dudas, polémicas y poca claridad pública.

En documentos oficiales, Zenyazen aparece con maestría y formación en educación, pero en la información disponible no queda claro en qué instituciones obtuvo sus títulos principales. Y ahí se abre otra pregunta incómoda: si alguien llega a cargos de alto nivel, primero como secretario de Educación en Veracruz y después como diputado federal, ¿no debería existir total transparencia sobre su trayectoria académica y profesional?

La crítica no es sobre el origen de una persona. En política, venir de abajo no debería ser motivo de burla. Al contrario. La crítica es que en la 4T parece importar menos la preparación, la transparencia o la trayectoria, y mucho más la lealtad al movimiento. Si eres parte del grupo correcto, las dudas pesan menos, las polémicas se explican solas y los espacios aparecen.

Morena presume transformación, pero muchas veces parece una agencia de reciclaje político: cualquiera entra, cualquiera sube y nadie explica demasiado. Zenyazen es otro ejemplo incómodo de una política donde el poder no siempre se reparte por capacidad, sino por cercanía, obediencia y militancia.

Al final, el problema no es si alguien fue o no stripper. El problema es que el Congreso debería estar lleno de perfiles preparados, transparentes y capaces de rendir cuentas. Porque cuando la política premia más la lealtad que la capacidad, la transformación deja de ser promesa y empieza a parecer espectáculo.

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