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El Mundial más caro de la historia ya está bajo investigación por boletos inflados y posible escasez artificial.

El Mundial 2026 todavía no empieza, pero FIFA ya enfrenta una de las polémicas más fuertes alrededor del torneo: el precio de los boletos. Lo que debía venderse como la gran fiesta del futbol mundial hoy está bajo investigación por señalamientos de boletos inflados, reventa descontrolada y una posible escasez artificial que habría empujado los precios a niveles históricos.

La Fiscalía de Nueva York y Nueva Jersey ya investiga las prácticas de venta de boletos para el Mundial 2026. El foco está puesto en tres puntos clave: los precios, la asignación de asientos y las quejas de aficionados que aseguran haber pagado cantidades altísimas por entradas cuyo valor se disparó durante el proceso de venta.

FIFA aplicó un sistema de precios dinámicos, similar al que usan aerolíneas o conciertos. En teoría, los boletos pueden subir o bajar según la demanda. En la práctica, muchos terminaron costando varios miles de dólares, dejando fuera a miles de aficionados que esperaban vivir el Mundial sin tener que pagar cifras imposibles.

La final es el ejemplo más brutal. Boletos de categoría alta llegaron a superar los 10 mil dólares, muy por encima de lo que se había visto en mundiales anteriores. La Copa del Mundo más grande de la historia también empieza a verse como la más inaccesible para el aficionado común.

El problema creció cuando comenzaron a aparecer partidos en Estados Unidos donde la demanda no respondió como FIFA esperaba. Boletos que no se vendieron en la venta oficial empezaron a liberarse o a encontrarse más baratos en mercados secundarios, lo que encendió todavía más las sospechas sobre la forma en que se manejó la disponibilidad.

Ahí nació la pregunta incómoda: ¿FIFA pudo inflar precios en la venta oficial mientras boletos de baja demanda aparecían más baratos en plataformas externas? Nada de eso está probado todavía, pero la investigación ya apunta a un posible manejo opaco del mercado y a una sospecha mayor: que la escasez pudo haber sido usada para justificar precios imposibles.

El Mundial 2026 se vendió como una fiesta para todos. Pero entre boletos carísimos, reventa, fiscales investigando y aficionados pagando cifras históricas, cada vez parece menos futbol, más negocio y podría convertirse en uno de los episodios más oscuros en la historia reciente de FIFA.

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