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Lenia Batres ya puede registrar “Ministra del Pueblo”.

Ganó la batalla legal por su apodo; ahora falta que gane la batalla que realmente importa: impartir justicia.

La ministra llevó hasta tribunales la negativa del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial para defender el derecho a utilizar y registrar la expresión con la que ha construido buena parte de su imagen pública.

Porque, al parecer, entre los asuntos pendientes de la Suprema Corte también había espacio para proteger su marca personal y asegurar jurídicamente cómo quiere que la llamen.

El problema no es únicamente el registro de una frase. El problema es convertir un cargo constitucional en eslogan, personaje político y campaña permanente, como si integrar el máximo tribunal del país fuera una plataforma para posicionar una identidad personal.

México enfrenta desapariciones, impunidad, abusos de poder, violaciones a derechos humanos y miles de personas esperando que los tribunales protejan sus libertades. En ese contexto, resulta inevitable cuestionar que una ministra dedique tiempo y recursos a pelear por la exclusividad de un apodo.

Lenia Batres asegura ser la “Ministra del Pueblo”. Pero al pueblo no le sirven los sobrenombres, las poses ni las payasadas políticas. Le sirven sentencias justas, independencia judicial y una Suprema Corte capaz de proteger a la ciudadanía incluso frente al gobierno.

Lenia ya ganó el derecho a registrar el nombre. Ahora falta demostrar que le importa más hacer justicia que construir su propia marca.

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