La presidenta Claudia Sheinbaum designó a Esteban Moctezuma Barragán como embajador de México ante Bélgica y la Unión Europea, una decisión que coloca nuevamente a uno de los personajes más longevos de la política mexicana en un cargo estratégico para la relación internacional del país.
Moctezuma no es un diplomático de carrera. Su trayectoria ha estado marcada por una constante presencia en las estructuras del poder, transitando por gobiernos de distintos signos políticos y ocupando posiciones clave durante más de tres décadas.
Su carrera nacional comenzó a consolidarse durante el gobierno de Ernesto Zedillo, cuando fue secretario de Gobernación y posteriormente secretario de Desarrollo Social. Su paso por la política de los años noventa estuvo acompañado de fuertes críticas por parte del EZLN, que cuestionó la estrategia gubernamental durante el conflicto en Chiapas y el proceso de diálogo con el movimiento zapatista.
Años después, Moctezuma dejó temporalmente la política para incorporarse al sector privado, donde encabezó durante un largo periodo la Fundación Azteca, brazo social de Grupo Salinas. Esta cercanía con Ricardo Salinas Pliego ha sido uno de los principales cuestionamientos a su trayectoria pública.
En 2018 regresó al primer plano político de la mano de Andrés Manuel López Obrador, quien lo nombró secretario de Educación Pública. Su llegada a la SEP también generó críticas, particularmente por no provenir del ámbito magisterial y por su estrecha relación con el sector empresarial.
Posteriormente, fue designado embajador de México en Estados Unidos, cargo que desempeñó durante buena parte del sexenio obradorista y en el arranque del gobierno de Sheinbaum.
Ahora, la presidenta lo envía a Europa para encabezar una de las representaciones diplomáticas más importantes del país, en un momento marcado por tensiones comerciales, cambios geopolíticos y nuevas negociaciones entre México y la Unión Europea.
Para sus defensores, Esteban Moctezuma representa experiencia, capacidad de negociación y conocimiento de las estructuras del poder. Para sus críticos, simboliza la permanencia de una clase política que, sin importar el partido gobernante, siempre encuentra espacio en los círculos de decisión.
Su llegada a Europa confirma una vez más que, en la política mexicana, algunos nombres logran sobrevivir a prácticamente cualquier cambio de régimen.

















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