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40 migrantes muertos y una disculpa después: exoneran a Francisco Garduño por tragedia en Ciudad Juárez

Cuarenta migrantes murieron bajo custodia del Gobierno mexicano, otros 27 resultaron lesionados y, más de tres años después, Francisco Garduño, quien encabezaba el Instituto Nacional de Migración (INM) durante la administración de Andrés Manuel López Obrador, quedó libre del proceso penal que enfrentaba por la tragedia de Ciudad Juárez.

La resolución judicial ha provocado nuevos cuestionamientos sobre la impunidad, la responsabilidad de los altos funcionarios y el acceso a la justicia para las víctimas de uno de los episodios más graves de la política migratoria mexicana.

El incendio ocurrió el 27 de marzo de 2023 en una estación migratoria del INM en Ciudad Juárez, Chihuahua. Decenas de personas extranjeras permanecían encerradas en las instalaciones cuando comenzó el fuego que terminó arrebatándole la vida a 40 migrantes.

Las imágenes de aquella noche provocaron indignación nacional e internacional. La tragedia dejó al descubierto graves fallas en las condiciones de seguridad y en la actuación de las autoridades encargadas de proteger a las personas que se encontraban bajo custodia del Estado.

En ese momento, Francisco Garduño era el máximo responsable del Instituto Nacional de Migración, dependencia federal encargada de administrar las instalaciones donde ocurrió el incendio.

El exfuncionario fue acusado del delito de ejercicio ilícito del servicio público, relacionado con presuntas omisiones en sus responsabilidades institucionales. Sin embargo, su proceso penal no concluyó con un juicio que determinara su culpabilidad o inocencia.

En enero de 2025, Garduño obtuvo una suspensión condicional del proceso, un mecanismo legal que permite detener el procedimiento penal siempre que la persona imputada cumpla determinadas condiciones establecidas por un juez.

Entre las obligaciones impuestas se encontraban ofrecer una disculpa pública, cumplir medidas de reparación y participar en cursos de capacitación relacionados con derechos humanos y protección civil.

Tras considerar satisfechas las condiciones correspondientes, un juez federal determinó extinguir la acción penal en su contra, con lo que quedó cerrado el procedimiento por el delito que se le imputaba.

La decisión significa que Garduño no recibió una sentencia condenatoria por este caso. Sin embargo, tampoco implica que un tribunal haya examinado todas las pruebas durante un juicio y declarado que no tuvo responsabilidad en los hechos.

Esa diferencia jurídica es fundamental para entender la controversia: el proceso terminó mediante una salida alternativa prevista en la legislación, no mediante una resolución sobre el fondo de las acusaciones.

Pero para las familias de las víctimas, la discusión va mucho más allá de los mecanismos legales.

Cuarenta personas perdieron la vida mientras estaban bajo responsabilidad de una institución federal. Sus familiares tuvieron que enfrentar no solamente el dolor de la pérdida, sino también un prolongado proceso de exigencia de justicia y rendición de cuentas.

La resolución ha sido cuestionada por familiares y sobrevivientes, quienes consideran insuficiente la respuesta judicial frente a la magnitud de la tragedia. Sus representantes legales anunciaron que buscarán impugnar la decisión.

El caso también ha reavivado las críticas contra el gobierno de Morena, particularmente por el trato judicial que recibió uno de los funcionarios de mayor nivel involucrados institucionalmente en los hechos.

Francisco Garduño fue nombrado director del INM durante el sexenio de López Obrador y permaneció al frente de la institución después del incendio, pese a los cuestionamientos públicos sobre su responsabilidad política.

Para los críticos del oficialismo, el cierre de su proceso penal representa un nuevo ejemplo de las dificultades para exigir responsabilidades a altos funcionarios cuando ocurren tragedias bajo su administración.

La pregunta que ha comenzado a cobrar fuerza es incómoda: ¿ser parte de un gobierno de Morena permite evitar consecuencias que otros ciudadanos podrían enfrentar?

No existe una resolución judicial que demuestre que Garduño recibió un trato favorable por su cercanía política con el expresidente o por su pertenencia al gobierno morenista. Sin embargo, la ausencia de una condena penal en su caso alimenta los cuestionamientos sobre la igualdad ante la ley y la responsabilidad de quienes ocupan cargos públicos.

El contraste resulta especialmente sensible porque las víctimas eran personas migrantes que se encontraban privadas de la libertad y dependían de las autoridades mexicanas para garantizar su integridad.

La obligación del Estado no se limitaba a mantenerlas bajo resguardo. También debía proteger sus vidas, garantizar condiciones seguras y contar con protocolos adecuados para responder ante cualquier emergencia.

La muerte de 40 personas dentro de una instalación gubernamental puso en evidencia fallas institucionales cuya gravedad continúa exigiendo explicaciones.

Aunque la legislación contempla mecanismos alternativos para resolver determinados procesos penales, su aplicación en un caso de esta magnitud abre una discusión legítima sobre si las medidas impuestas fueron proporcionales a la responsabilidad que se investigaba.

Una disculpa pública, la reparación del daño y la capacitación pueden formar parte de una respuesta legal, pero para los familiares no necesariamente representan el esclarecimiento completo de lo ocurrido ni la determinación de todas las responsabilidades.

Además, el cierre del proceso contra Garduño no significa que todas las investigaciones y procedimientos relacionados con el incendio hayan terminado. Las responsabilidades de otras personas involucradas deben analizarse de manera independiente.

El debate tampoco consiste en exigir una condena sin pruebas o sin respetar el debido proceso. Se trata de cuestionar si las instituciones agotaron las vías necesarias para esclarecer las posibles responsabilidades de quienes dirigían el organismo cuando ocurrió la tragedia.

Para un gobierno que ha utilizado la lucha contra la corrupción y los privilegios como parte central de su discurso político, el desenlace del caso representa un desafío importante de credibilidad.

Morena llegó al poder prometiendo que nadie estaría por encima de la ley. Sin embargo, la conclusión del proceso contra un alto funcionario de la administración anterior vuelve a colocar sobre la mesa la distancia que puede existir entre las promesas de justicia y los resultados institucionales.

Mientras las autoridades sostienen que la resolución se ajusta a los mecanismos previstos en la legislación, las víctimas y sus representantes mantienen sus cuestionamientos y buscan que la decisión sea revisada.

La tragedia de Ciudad Juárez no puede reducirse a un expediente cerrado ni a una controversia entre partidos políticos. Detrás de las cifras existen 40 vidas perdidas, familias que continúan enfrentando las consecuencias y preguntas que siguen sin una respuesta satisfactoria para quienes exigen justicia.

Francisco Garduño quedó sin condena penal por el delito que se le imputaba, pero el debate sobre su responsabilidad política e institucional permanece abierto.

Al final, el caso deja una contradicción difícil de ignorar: una de las mayores tragedias migratorias del país ocurrió dentro de una instalación federal y el funcionario que dirigía esa institución terminó su proceso sin una sentencia condenatoria.

La justicia no puede medirse únicamente por el cumplimiento de requisitos procesales. También debe responder a la necesidad de verdad, reparación y rendición de cuentas de las víctimas.

Porque después de 40 muertes, 27 personas lesionadas y más de tres años de exigencias, la pregunta sigue siendo la misma: ¿hubo justicia suficiente para las víctimas o el sistema terminó ofreciendo una salida demasiado favorable a un alto funcionario del poder?

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