La presidenta Claudia Sheinbaum ha mantenido como una de sus posturas públicas la exigencia de que España reconozca y ofrezca disculpas por los abusos cometidos durante la Conquista, ocurrida hace más de cinco siglos. Al mismo tiempo, cada 2 de octubre reivindica la memoria de las víctimas de Tlatelolco y condena la represión ejercida por el Estado mexicano en 1968.
En esa historia aparece una conexión con su actual gobierno. Marcelino García Barragán, abuelo del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, era secretario de la Defensa Nacional durante la matanza de Tlatelolco y estuvo al frente del despliegue militar realizado aquel 2 de octubre.
Sin embargo, García Harfuch no tuvo participación alguna en aquellos acontecimientos y no puede atribuírsele responsabilidad personal por las decisiones tomadas por su abuelo décadas antes de que él ocupara un cargo público.
El contraste abre una discusión sobre los límites de la responsabilidad histórica. Si las nuevas generaciones no son personalmente responsables de los actos cometidos por sus antepasados, surge la pregunta sobre hasta dónde deben trasladarse al presente las exigencias de disculpas por acontecimientos ocurridos décadas o incluso siglos atrás.
Existe, además, una diferencia relevante: Sheinbaum ha planteado su exigencia hacia España como un reconocimiento institucional del Estado y no como una responsabilidad personal de los españoles actuales. De manera similar, en México la responsabilidad por Tlatelolco ha sido reconocida institucionalmente por el Estado mexicano.
La discusión, por tanto, no está en cuestionar la importancia de recordar la Conquista o la matanza de Tlatelolco, sino en definir bajo qué criterios se exige responsabilidad por el pasado y si esos criterios se aplican de manera consistente.
La memoria histórica permite reconocer abusos, reparar a las víctimas y evitar que los hechos se repitan. Pero también deja una pregunta abierta frente al discurso de la presidenta: si las culpas personales no se heredan dentro de México, ¿hasta dónde pueden heredarse fuera de él?
















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