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Los recogedores de sanguijuelas: el oficio más oscuro de la medicina del siglo XIX.

Durante el siglo XIX existió un trabajo tan extraño como perturbador, personas que se dedicaban a recolectar sanguijuelas usando su propio cuerpo como carnada. Los llamados recogedores de sanguijuelas pasaban horas dentro de pantanos, ríos y estanques con las piernas desnudas esperando que los animales se adhieran a su piel para alimentarse de su sangre. Después debían arrancarlas manualmente y venderlas a hospitales y boticas.

La práctica surgió por la enorme obsesión médica de la época con las sangrías. En ese momento, gran parte de la medicina todavía seguía influenciada por la antigua teoría de los humores, desarrollada siglos antes por Hipócrates y Galeno, donde se creía que muchas enfermedades podían curarse eliminando sangre del cuerpo. Las sanguijuelas se volvieron extremadamente populares porque permitían realizar sangrías de manera prolongada gracias a las sustancias anticoagulantes presentes en su saliva.

La demanda llegó a niveles descomunales. Hospitales europeos utilizaban decenas de miles de sanguijuelas al año y países como Francia llegaron a importar más de 40 millones anualmente durante la década de 1830. Esto provocó el nacimiento de una industria enorme donde la extracción recaía casi siempre en personas pobres, especialmente mujeres, que aceptaban el trabajo pese al riesgo de infecciones, pérdida constante de sangre y enfermedades.

La situación se volvió todavía más extrema cuando comenzaron a utilizar caballos viejos para atraer sanguijuelas en grandes cantidades, dejando a los animales durante horas dentro del agua hasta el agotamiento. Con el tiempo, la práctica empezó a desaparecer debido a los avances científicos y a la llegada de nuevas teorías médicas impulsadas por investigadores como Louis Pasteur, quienes desmontaron muchas de las ideas tradicionales sobre las enfermedades. Además, la sobreexplotación redujo drásticamente la población de sanguijuelas medicinales en gran parte de Europa.

Hoy, el oficio de los recogedores de sanguijuelas parece sacado de una película de terror, pero durante décadas fue considerado una parte completamente normal y necesaria dentro de la medicina moderna de su tiempo.

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