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Ticketmaster es declarado monopolio ilegal y podría cambiar toda la industria del entretenimiento en vivo.

Un jurado federal en Nueva York determinó que Live Nation, empresa matriz de Ticketmaster, operó como un monopolio ilegal al controlar gran parte del mercado de conciertos y venta de boletos en Estados Unidos. El fallo llega tras un juicio impulsado por el gobierno estadounidense y decenas de estados, donde se argumentó que la compañía no solo participaba en la venta de boletos, sino que dominaba todo el ecosistema del entretenimiento en vivo, incluyendo la promoción de conciertos, la operación de recintos y la relación con artistas.

Durante el proceso se expuso que la empresa habría limitado la competencia, impuesto condiciones exclusivas a artistas y venues, y utilizado su posición para inflar precios mediante cargos adicionales y tarifas ocultas. El jurado concluyó que estas prácticas tuvieron un impacto directo en los consumidores, quienes terminaron pagando más por los boletos y recibiendo un servicio inferior debido a la falta de competencia real en el mercado. En promedio, se estimó un sobrecosto de 1.72 dólares por entrada, reflejando el efecto acumulado de estas prácticas.

El alcance de Live Nation dentro de la industria es significativo, con control de hasta el 80% de los grandes anfiteatros y más del 70% de los recintos importantes bajo acuerdos exclusivos, además de su participación en miles de conciertos al año y millones de asistentes a nivel global. El caso también cobró relevancia mediática por antecedentes como el escándalo en la venta de boletos de Taylor Swift en 2022, así como por quejas históricas de artistas y fans sobre precios elevados y fallas en el sistema.

Ahora, la decisión final queda en manos del juez, quien deberá definir las consecuencias legales, que podrían incluir multas de cientos de millones de dólares, compensaciones a consumidores e incluso la posibilidad de obligar a una separación entre Ticketmaster y Live Nation. Más allá de las sanciones, el fallo marca un punto de inflexión en la industria, al cuestionar el modelo de concentración que ha dominado el entretenimiento en vivo durante años. Lo que está en juego no es solo una empresa, sino la forma en que se organizan, distribuyen y consumen los conciertos a nivel global.

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