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El Metro no necesita candelabros: necesita funcionar.

La Ciudad de México gastó más de 700 millones de pesos en maquillar estaciones del Metro rumbo al Mundial 2026. Entre candelabros, ajolotes, pintura nueva y obras hechas a toda prisa, el gobierno presume estaciones “renovadas” para recibir a turistas y aficionados.

Pero mientras la autoridad presume una nueva imagen, los usuarios siguen pidiendo lo básico: trenes seguros, escaleras que sirvan, menos fallas, menos saturación y un sistema que funcione todos los días, no solo cuando el mundo está mirando.

El Mundial viene, sí. Pero millones de personas usan el Metro diariamente para ir al trabajo, a la escuela, al hospital o de regreso a casa. Para ellos, el problema no es si una estación se ve bonita en una foto, sino si el tren llega, si no se queda detenido, si la escalera eléctrica funciona y si el viaje se puede hacer con seguridad.

La Línea 2 conecta con la zona del Estadio Azteca, una de las sedes mundialistas más importantes del país. Por eso ahora sí hubo prisa, presupuesto y maquillaje urbano para que el camino hacia el estadio se vea presentable. La pregunta es por qué tuvo que venir el Mundial para acelerar obras que los usuarios llevan años exigiendo.

El problema es que el Metro no se arregla con decoración. Un candelabro puede verse elegante, un mural puede llamar la atención y una estación recién pintada puede mejorar la postal, pero nada de eso evita retrasos, calor, cierres, saturación, fallas eléctricas ni años de abandono acumulado.

La CDMX quiere presumir estaciones dignas de foto mundialista. Pero una ciudad lista para recibir al mundo no se mide por candelabros: se mide por transporte público que funcione antes, durante y después del partido.

Al final, la pregunta es sencilla: ¿están arreglando el Metro para los usuarios o solo lo están peinando para que salga bien en la foto mundialista?

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