El Jardín Flotante de Calzada de Tlalpan fue presentado como una de las nuevas obras de la Ciudad de México rumbo al Mundial 2026. Una “Utopía flotante” para presumir espacio público, imagen urbana y modernización en una de las vialidades más importantes de la capital.
Pero la primera lluvia bastó para exhibir los problemas. A solo días de haber sido inaugurada, la obra presentó encharcamientos, filtraciones y fallas de drenaje, especialmente en la zona de San Antonio Abad, donde incluso se reportaron goteras y acumulación de agua hacia instalaciones del Metro.
La postal fue muy distinta a la del corte de listón. Trabajadores tuvieron que retirar agua con escobas y cubetas, mientras usuarios documentaban charcos y filtraciones en una obra que había sido presentada como lista para funcionar.
El problema no termina ahí. Aunque fue inaugurada como obra concluida, todavía se reportan accesos cerrados, tramos inconclusos, fallas de señalización y conexión pendiente con Chabacano. Es decir, la obra ya fue presumida, pero todavía no termina de estar realmente lista.
El punto no es criticar la construcción de espacios públicos. Una ciudad necesita áreas peatonales, zonas verdes y proyectos que mejoren la experiencia urbana. El problema es inaugurar a la carrera, bajo la presión del Mundial, obras que todavía muestran pendientes básicos y que no aguantan ni las primeras lluvias.
La CDMX quiere presumir obras rumbo al Mundial. Pero si una obra recién inaugurada no resiste ni el primer golpe de agua, la pregunta se cae sola: ¿están construyendo ciudad o solo escenografía para la foto mundialista?















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