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Bashar al-Assad, de gobernar Siria a ser condenado a muerte

El expresidente sirio Bashar al-Assad fue condenado a muerte por un tribunal de su país por crímenes cometidos durante su régimen, entre ellos asesinato, tortura, detenciones arbitrarias y crímenes de lesa humanidad.

La sentencia representa un giro histórico para quien gobernó Siria durante más de dos décadas y encabezó al país durante una guerra civil marcada por represión, desapariciones, torturas, bombardeos y acusaciones por el uso de armas químicas.

El conflicto comenzó a escalar en 2011, cuando protestas contra el gobierno fueron reprimidas con violencia. Detenciones, torturas y el uso de fuerzas de seguridad contra manifestantes fueron parte de los hechos que detonaron una guerra que terminaría extendiéndose durante años.

Durante ese periodo, organizaciones internacionales y testimonios de sobrevivientes documentaron centros de detención en los que miles de personas fueron torturadas, desaparecidas o asesinadas bajo custodia del régimen.

El gobierno de Assad también fue señalado por ataques con armas químicas. Investigaciones internacionales atribuyeron a fuerzas sirias el uso de agentes como sarín y cloro en distintos episodios del conflicto.

La guerra dejó una herida difícil de dimensionar. Más de medio millón de personas murieron y millones tuvieron que abandonar sus hogares, convirtiendo a Siria en uno de los mayores focos de desplazamiento forzado de las últimas décadas.

Ahora, un tribunal sirio declaró culpable a Assad y le impuso la pena de muerte. Sin embargo, que la sentencia llegue a ejecutarse es mucho más complicado.

Tras la caída de su gobierno, Assad huyó a Rusia, donde permanece refugiado. Mientras siga bajo protección en ese país, una eventual extradición luce sumamente difícil y la condena tiene, por ahora, un peso más político y simbólico que práctico.

La sentencia no borra los años de guerra ni resuelve por sí sola las heridas de Siria, pero marca un momento histórico: el hombre que durante décadas concentró el poder del país ahora enfrenta, desde el exilio, una condena a muerte por los crímenes atribuidos a su régimen.

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