Estados Unidos comenzó a reanudar parcialmente las inspecciones de aguacate en Michoacán después de que una amenaza contra personal estadounidense obligara a suspender temporalmente las actividades necesarias para certificar la fruta que se exporta al mercado norteamericano.
El problema no surgió por una plaga o por una falla sanitaria en el aguacate mexicano. La suspensión estuvo relacionada con las condiciones de seguridad en la región productora de Michoacán, una zona que desde hace años enfrenta presencia de grupos criminales, extorsiones y episodios de violencia.
La alerta llevó a Estados Unidos a detener las labores de su personal en la llamada franja aguacatera. Sin esas inspecciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, nuevos embarques no pueden obtener las certificaciones necesarias para ingresar al país.
Ante la suspensión, el Gobierno de México reforzó la presencia de seguridad en la región. Más de 1,500 elementos del Ejército y la Guardia Nacional fueron desplegados como parte de las medidas para proteger al personal estadounidense y permitir la recuperación de las operaciones.
La respuesta permitió un primer acuerdo. Desde el sábado 8 de agosto, Estados Unidos autorizó que sus actividades se reanudaran de manera parcial en determinadas zonas de Michoacán. Sin embargo, la situación todavía no ha regresado completamente a la normalidad y no existe una fecha anunciada para la reanudación total de las inspecciones.
El episodio vuelve a mostrar hasta qué punto la violencia en Michoacán puede terminar afectando una de las industrias agrícolas más importantes de México. De acuerdo con cifras recientes, el aguacate generó más de 3,600 millones de dólares en exportaciones mexicanas durante 2025 y Michoacán concentra la mayor parte de la producción nacional.
Estados Unidos es además el principal destino del aguacate mexicano, por lo que cualquier interrupción prolongada podría afectar a productores y empacadores nacionales, pero también provocar problemas de abasto y presión sobre los precios para consumidores estadounidenses.
Por ahora, el comercio comienza a destrabarse, pero únicamente de manera parcial. La continuidad de las inspecciones dependerá de que las autoridades mexicanas puedan garantizar condiciones de seguridad para el personal estadounidense en una región donde el crimen organizado sigue representando un desafío que ya alcanzó también al negocio del aguacate.
















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