Graciela Domínguez Nava fue designada gobernadora interina de Sinaloa para concluir el periodo hasta 2027, después de la nueva licencia de Rubén Rocha Moya.
Su llegada marca un relevo en la gubernatura, aunque no representa una ruptura completa con la administración anterior. Domínguez formó parte del gabinete de Rocha como secretaria de Educación Pública y Cultura y posteriormente se desempeñó como diputada federal por Morena.
Esa trayectoria hace que su designación sea observada con especial atención. Aunque Sinaloa tendrá una nueva titular del Ejecutivo, buena parte de la estructura política y administrativa que operó durante el gobierno de Rocha sigue presente.
La presidenta Claudia Sheinbaum respaldó públicamente el nombramiento y pidió a Domínguez gobernar con rectitud, honestidad y pensando en el bienestar de la población sinaloense.
El relevo ocurre después de una semana especialmente complicada para Rocha Moya, quien regresó a la gubernatura tras 112 días de licencia y volvió a separarse del cargo apenas horas después, en medio del rechazo de Morena, aliados y del propio Gobierno federal.
Ahora la principal incógnita es cuánto margen tendrá Domínguez para construir una administración propia y hasta qué punto se distanciará de la estructura política que dejó Rocha.
Su experiencia dentro del gobierno anterior puede darle conocimiento del aparato estatal, pero también la obliga a demostrar que su gestión no será simplemente una continuidad con otro rostro.
Rocha Moya salió nuevamente de la escena pública estatal, pero su influencia política no desaparece de un día para otro. Por eso, la verdadera prueba para Graciela Domínguez será mostrar si Sinaloa tendrá únicamente una nueva gobernadora o también una nueva forma de gobernar.















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