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AMLO pide que regrese “el otro Trump”, pero México necesita respuestas sobre el poder del narco.

Andrés Manuel López Obrador rompió el silencio desde Palenque con una carta dirigida al contexto político entre México y Estados Unidos. Pero el mensaje no solo fue para Donald Trump: también fue una defensa abierta de Claudia Sheinbaum, de Morena y de su propia versión de la soberanía.

En el texto, el expresidente acusa que Estados Unidos utiliza la migración y el llamado “narcoterrorismo” como pretexto para intervenir en México. También sostiene que desde el país vecino se busca debilitar a Morena e impulsar gobiernos de derecha afines a los intereses norteamericanos.

Pero detrás de ese discurso hay una pregunta incómoda: ¿por qué el tema del narcotráfico golpea cada vez más cerca de su movimiento político? En los últimos meses, señalamientos, investigaciones y recortes de visas han tocado a personajes vinculados a Morena, y eso abre una lectura que el obradorismo intenta evitar: el problema ya no está solo en la presión externa, sino en lo que podría exhibirse dentro del propio proyecto.

AMLO también rechaza que se llame terroristas a los cárteles. Sin embargo, para millones de mexicanos el terror no viene de una etiqueta diplomática, sino de vivir bajo extorsión, desapariciones, reclutamiento forzado, cobro de piso y miedo cotidiano. Para quienes han perdido hijos, negocios, pueblos o tranquilidad, el narco no es un concepto político: es una realidad que destruye vidas.

El expresidente habla de soberanía, pero México está lejos de una soberanía plena cuando hay comunidades donde manda el crimen organizado, familias obligadas a pagar para trabajar, jóvenes reclutados por la fuerza y madres buscadoras removiendo tierra porque el Estado no encontró a sus hijos.

Por eso la carta no suena únicamente a defensa del país. También suena a defensa política de un movimiento que empieza a quedar bajo presión por el tema que más incomoda: el avance del narcotráfico y sus posibles vínculos con estructuras de poder.

AMLO pidió que regrese “el otro Trump”. Pero México no necesita nostalgia diplomática. Necesita respuestas sobre violencia, corrupción, desapariciones y un alto al poder real que los cárteles ganaron durante años.

Porque la soberanía no se defiende solo con cartas ni discursos contra el extranjero. Se defiende cuando el Estado recupera los territorios donde hoy manda el crimen, cuando las familias dejan de pagar piso, cuando los jóvenes dejan de desaparecer y cuando las madres ya no tienen que buscar en la tierra lo que el gobierno no encontró.

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